Hogar · 6 min de lectura

Cómo aislar la puerta de entrada del frío y las corrientes de aire: 8 soluciones baratas (y cuándo ya no bastan)

¿Notas corriente bajo la puerta? Burletes, bajos de puerta y gomas de marco: 8 soluciones baratas para cortar el frío en la entrada, y lo que nunca debes tapar.

Puerta de entrada de madera cerrada en el recibidor de un piso, con un burlete en la parte inferior y luz de invierno
La corriente de una puerta de entrada suele colarse por tres sitios: la rendija de abajo, la junta del marco y los agujeros pequeños, como la cerradura. Por abajo se corta con un burlete adhesivo o un bajo de puerta; por el marco, con una goma en todo el contorno; y si la puerta no aprieta al cerrar, con un ajuste de bisagras que no cuesta nada. Casi todo se hace en una tarde y sin obra.

Antes de comprar nada: localiza por dónde entra el aire

Comprar un burlete a ciegas es la forma más rápida de gastar dos veces. Elige un día con viento, cierra la puerta y pasa la mano húmeda despacio por el bajo, el marco y la cerradura. Donde notes frío, hay fuga. Una barrita de incienso afina más: donde el humo se tumba, entra aire.

Luego, la prueba del papel: cierra la puerta con una hoja atrapada en el marco y tira. Si sale sin resistencia, la puerta no aprieta en ese punto. Repítelo arriba, en el centro y abajo, en los dos lados.

Mide también el hueco de abajo con la puerta cerrada, porque esa medida decide casi todo lo demás. Y no es un apaño de abuela: el IDAE, la agencia pública de eficiencia energética, incluye los burletes entre las medidas sencillas para ahorrar en casa.

1. Burlete adhesivo para el bajo de la puerta: el primero que probaría

Es una tira autoadhesiva con un cepillo o una lámina de silicona que se pega en la cara interior de la puerta, justo abajo, y roza el suelo. Según el material y la marca cuesta desde unos pocos euros hasta unas decenas, se corta a medida y se coloca en diez minutos.

Cepillo si el suelo tiene relieve o juntas marcadas, porque se adapta mejor. Silicona o goma si el suelo es liso: sella mejor y, en general, dura más.

Dos errores habituales: pegarlo sobre una puerta sucia (límpiala con alcohol y deja que seque) y dejarlo tan bajo que la puerta arrastra y el adhesivo se despega en pocas semanas. Preséntalo antes de pegarlo y abre y cierra un par de veces, también sobre el felpudo.

2. Burlete doble de espuma: el de los pisos de alquiler

Son dos rollos de espuma forrados, unidos por una tela que pasa por debajo de la hoja: uno queda a cada lado. No se pega ni se atornilla, y te lo llevas cuando te mudas.

Su punto flojo es el uso: en la puerta que más abres se va desplazando y coge la suciedad del rellano. Si da a la calle, además, se empapa cuando llueve.

3. Bajo de puerta de aluminio atornillado: el que aguanta el trote

Un perfil de aluminio con goma o cepillo que se atornilla a la hoja. Cuesta algo más que el adhesivo, pero soporta mucho mejor el abrir y cerrar de todos los días, y es lo que yo pondría en una puerta muy usada. Para puertas que dan a la calle, busca un modelo con vierteaguas: además de frenar el aire, desvía la lluvia.

Bajo de puerta de aluminio con cepillo colocado en una puerta de madera, rozando un suelo de baldosa

Ojo: una puerta blindada o acorazada lleva chapa de acero, así que no taladres sin consultar al fabricante o a un cerrajero. Y si vives de alquiler, los agujeros se hablan antes con el propietario, mejor por escrito.

4. Bajo de puerta automático: el que no roza

Lleva un mecanismo que baja la goma al cerrar y la sube al abrir, así que no arrastra ni se engancha en el felpudo. Los hay de superficie y embutidos, estos con un fresado que ya pide carpintero.

Es más caro y hay que regularlo bien. Compensa en una puerta bonita que no quieres afear; para una corriente normal en un piso, con el 1 o el 3 vas sobrado.

5. Goma en el marco: el hueco que nadie mira

Mucha gente sella el bajo y sigue notando frío porque el aire entra por arriba y por los lados. La solución es una goma adhesiva por dentro de los tres lados del marco, justo donde apoya la hoja al cerrar.

Se venden con perfiles distintos (verás letras como E, P o D) y cada uno sirve para un tamaño de holgura; el envase indica cuál. La espuma es la más barata, pero se aplasta antes que la goma.

Prueba primero con un tramo corto: si te pasas de grosor, la puerta cuesta de cerrar y el pestillo no entra. Y si el frío también viene de otro lado, aquí tienes un aislamiento térmico casero para tus ventanas que sigue la misma lógica.

6. Ajusta bisagras y cerradero: gratis, y a veces lo arregla casi todo

Si la prueba del papel dio holgura solo en un lado, quizá no falte burlete: puede que la puerta esté descolgada. Con los años las bisagras ceden y la hoja deja de apoyar por igual. Muchas puertas tienen bisagras regulables, y mover un par de milímetros el cerradero (la pieza metálica del marco donde encaja el pestillo) hace que la hoja apriete más al cerrar.

Si no ves cómo se regula, o la puerta es blindada, un cerrajero o un carpintero lo resuelve en una visita corta.

7. Cerradura, buzón y junta con la pared

Por el ojo de una cerradura antigua entra más aire del que parece, y un escudo con tapa giratoria lo cierra por poco dinero. Si tienes buzón en la puerta, existen tapas y cepillos interiores para esa abertura.

Mira también la unión entre el marco y la pared: una grieta ahí no la arregla ningún burlete, sí un cordón de masilla acrílica.

8. Cortina gruesa por dentro: poco técnica, pero se nota

Una cortina térmica o de tela pesada en una barra sobre la puerta frena el aire que aún se cuele y el frío que desprende una puerta fina o con cristal.

Eso sí, de día recogida y sin arrastrar: la salida de casa tiene que quedar siempre libre.

Cuándo nada de esto basta: cambiar la puerta

Si has sellado abajo y el marco y la hoja sigue helada al tacto, el problema es la puerta en sí: un burlete corta el aire, pero no aísla una hoja hueca o una chapa fina.

Una puerta aislada con junta perimetral parte de varios cientos de euros y supera con facilidad el millar con la colocación. Pregunta por la transmitancia (el valor U): cuanto más bajo, mejor aísla. En un piso, mira antes los estatutos, porque el aspecto exterior puede estar regulado por la comunidad.

Mientras tanto, si compensas el frío del recibidor con un aparato enchufado, echa la cuenta de lo que gasta al mes un radiador eléctrico de aceite.

Lo que no debes tapar nunca

Sellar la puerta de entrada está bien. Tapar las rejillas de ventilación, no. Administraciones y distribuidoras de gas lo repiten cada invierno: si en casa hay caldera, calentador o cocina de gas, las rejillas obligatorias tienen que quedar libres, porque de ellas depende el aire de la combustión y el riesgo es el monóxido de carbono. Ni cinta, ni trapo, ni un mueble delante, aunque por ahí entre frío.

Si después de sellar ves que la llama pasa de azul a amarilla, ventila y llama a un instalador de gas autorizado.

Tampoco pongas burletes por inercia en las puertas interiores: esa rendija suele estar para que el aire circule hacia el baño y la cocina. El Código Técnico de la Edificación pide una renovación mínima del aire en las viviendas y, cuanto más estanco queda un piso, más depende de ti: abre las ventanas de cinco a diez minutos al día. Si los cristales amanecen mojados, mira cómo evitar esa condensación en las ventanas.

Qué haría yo según tu caso

  • Piso de alquiler con corriente por abajo: burlete adhesivo, o el doble si no quieres pegar nada.
  • Piso en propiedad y puerta muy usada: bajo de aluminio y goma en el marco.
  • Puerta a la calle o al jardín: bajo con vierteaguas, goma en todo el contorno y revisión del ajuste.
  • Puerta antigua que quieres conservar: bajo automático y escudo con tapa.

Empieza siempre por localizar la fuga y ajustar la puerta: un burlete bien elegido y puesto donde entra el aire hace más que tres colocados a ojo.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se ahorra en calefacción con un burlete en la puerta?

No hay una cifra fiable para tu casa, porque depende del tamaño de la fuga, del clima y de si la puerta da a la calle o a un rellano interior. Desconfía de los porcentajes redondos. Lo que se nota enseguida es el confort: desaparece la corriente en los pies.

¿Por qué sigo notando frío con el burlete puesto?

Lo más probable es que el aire entre por otro sitio, normalmente el marco o la unión con la pared, o que la puerta no apriete al cerrar. Repite la prueba de la mano húmeda y la del papel. Si no hay fugas y la hoja está fría, lo que falla es el aislamiento de la propia puerta.

LR
Escrito por
Lucía Romero

Hola, soy Lucía Romero. Tras varios años asesorando sobre reformas y eficiencia energética, creé Casa & Reformas para ayudar a los propietarios a tomar buenas decisiones: qué reformas priorizar, qué ayudas solicitar y cómo valorar y cuidar su vivienda.

Aquí encontrarás guías claras, actualizadas y con cifras y fuentes. Sin tecnicismos innecesarios.

Gratis · cada domingo

Guía gratuita de ayudas a la reforma 2026

Recibe nuestro resumen de ayudas y un artículo útil cada domingo.

Sin spam. Puedes darte de baja cuando quieras.